Confidencias en la oficina
Ricardo entró a la oficina de Alejandro y lo encontró concentrado, pasando las páginas de los informes con el ceño fruncido. Cerró la puerta tras de sí y se acercó al escritorio.
—¿Cómo va todo, primo? —preguntó, notando la expresión pensativa en el rostro de Alejandro.
Alejandro levantó la vista y suspiró, dejando los papeles a un lado.
—Aquí, revisando estos pendientes —respondió, pero su tono no ocultaba el peso de algo más.
Ricardo lo miró con interés, capta