Andrés tomó su vaso de whisky con calma, lo giró entre sus dedos y bebió un sorbo antes de clavar su mirada en Alejandro.
—Dime algo, primo… ¿Qué estás dispuesto a perder por conquistar a Camila?
Alejandro lo miró con el ceño fruncido, su paciencia al límite.
—¿De qué demonios hablas?
Andrés sonrió con suficiencia, apoyándose en el respaldo de su asiento.
—Escucha bien, porque no lo voy a repetir. Yo, por Camila… soy capaz de entregarte el 25% de la empresa.
El silencio que cayó sobre la mesa f