Finalmente llegó el día de la boda.
La fecha que durante meses había llenado de ilusión a Alejandro y Miranda. El día que debía estar lleno de alegría, sonrisas y promesas de amor eterno.
Sin embargo, el destino había cambiado todos sus planes.
En lugar de prepararse para caminar hacia el altar, Miranda permanecía acostada en una cama de hospital, luchando por despertar.
La hermosa playa de Miami donde habían soñado casarse permanecía reservada, pero vacía. Los invitados habían sido informados