Los días pasaban lentamente para Alejandro. Cada vez se sentía más desesperado. No quería alejarse de Miranda ni un solo instante.
Apenas comía, casi no dormía y pasaba la mayor parte del tiempo sentado junto a su cama, esperando que despertara.
Candy observaba con preocupación cómo el cansancio y la culpa comenzaban a reflejarse en su rostro.
Una tarde, mientras Alejandro permanecía junto a la cama de Miranda, Candy decidió hablar con él.
—Alejandro, deberías ir a descansar un poco a la mansi