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capitulo 20: La guerra comenzó

Emma salió furiosa de la sala de juntas.

Escuchar cómo todos los inversionistas elogiaban el trabajo de Miranda había terminado por agotar su paciencia.

No la soportaba.

Desde hacía días planeaba hacer quedar mal a Miranda para que Alejandro la despidiera, pero todo le estaba saliendo al revés.

Mientras caminaba molesta por el pasillo, Luisa se acercó a ella con expresión seria.

—Te dije que dejaras los celos y aprendieras a trabajar con Miranda —comentó con calma—.

Ella no ha hecho nada para que la trates así.

Emma soltó una risa cargada de rabia.

—¿Y qué más quieres que haga?

Esa mujer está intentando acercarse al señor Villarreal a toda costa para ganarse su confianza.

Luisa negó con la cabeza.

—Eso solo está en tu imaginación.

Pero Emma continuó hablando, cegada por los celos.

—Después querrá convertirse en la jefa de todas nosotras.

¿No te das cuenta?

Apenas lleva un mes aquí y Alejandro ya le presta más atención que a cualquiera.

—Porque hace bien su trabajo —respondió

Luisa con firmeza—. Deberías preocuparte más por mejorar tu actitud y menos por Miranda.

Emma apretó los labios llena de enojo.

—Tú no entiendes nada.

Yo llevo años trabajando aquí, esforzándome para conseguir un ascenso, y ahora llega ella de la nada a robarse toda la atención.

Luisa suspiró cansadamente.

—Nadie te está quitando nada, Emma. Pero si sigues actuando así, terminarás perjudicándote tú sola.

Emma apartó la mirada con molestia.

En el fondo sabía que Luisa tenía razón, pero su orgullo no le permitía aceptarlo.

Mientras tanto, Miranda seguía organizando unos documentos en su escritorio, sin imaginar la conversación que se estaba llevando a cabo sobre ella.

Aunque intentaba mantenerse tranquila, comenzaba a sentirse incómoda dentro de la empresa.

Algo le decía que Emma no pensaba detenerse tan fácilmente.

Mientras Miranda seguía trabajando,

Alejandro salió de su oficina y reunió a todas las asistentes para informarles que esa noche habría una importante cena empresarial con inversionistas extranjeros.

Necesitaba apoyo para organizar documentos y coordinar algunos detalles del evento.

Emma sonrió con seguridad, convencida de que Alejandro la elegiría a ella por su experiencia.

Sin embargo, Alejandro sorprendió a todos al decir:

—Miranda, usted vendrá conmigo esta noche.

Necesito que lleve los contratos y tome nota de algunos acuerdos importantes.

El ambiente quedó en silencio.

Emma sintió cómo la rabia le recorría el cuerpo al escuchar aquello.

—Pero, señor Villarreal, yo siempre lo acompaño a ese tipo de reuniones —intervino Emma, intentando mantener la calma.

Alejandro la miró con frialdad.

—Esta vez necesito a alguien más organizado.

Aquellas palabras fueron un golpe directo para Emma.

Miranda, incómoda por la situación, intentó rechazar la invitación.

—Señor Villarreal, quizá la señorita Emma tenga más experiencia para este tipo de eventos…

Pero Alejandro la interrumpió inmediatamente.

—La decisión ya está tomada.

Emma apretó los dientes llena de rabia antes de salir furiosa del lugar.

Desde ese momento comenzó a pensar en una manera de arruinar la noche de Miranda.

Más tarde, Luisa se acercó discretamente a Miranda y le habló en voz baja.

—Ten cuidado con Emma.

Cuando siente celos puede volverse muy peligrosa.

Miranda suspiró preocupada.

—Yo no quiero problemas con ella.

—Entonces mantente alerta —respondió Luisa con seriedad—.

Emma no acepta perder protagonismo tan fácilmente.

Esa noche prometía traer más tensión de la que cualquiera imaginaba.

Porque Emma no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras Miranda comenzaba a destacar cada vez más dentro de Villarreal & asociados.

Debido a la inesperada reunión de esa noche, Miranda llamó rápidamente a Candy para pedirle un favor.

—Candy, ¿puedes quedarte hoy con Thiago?

Surgió una reunión importante en la empresa y llegaré tarde.

Candy, que apenas se estaba preparando para ir al club, respondió de inmediato:

—Claro que sí. No te preocupes, yo me quedo con el pequeño.

—Gracias, de verdad.

Después de colgar, Miranda soltó un suspiro y caminó hacia el baño de la empresa para arreglarse un poco antes de la reunión.

Se acomodó la ropa, peinó cuidadosamente su cabello y retocó ligeramente su maquillaje frente al espejo.

Quería verse presentable y profesional.

Sin embargo, Emma la observaba desde lejos con una expresión llena de molestia.

Apenas Miranda salió del baño, Emma entró rápidamente detrás de ella con una taza de café en la mano.

Y, fingiendo un accidente, dejó caer el café directamente sobre la blusa de Miranda.

—¡Ay, disculpa! No fue mi intención —dijo con falsa inocencia.

Miranda bajó la mirada y vio la gran mancha sobre su ropa.

Sabía perfectamente que Emma lo había hecho a propósito.

Aun así, intentó mantenerse tranquila.

—No se preocupe —respondió con frialdad.

Molesta y nerviosa, caminó rápidamente hacia su escritorio en busca de un pañuelo para intentar limpiarse.

En ese momento escuchó la voz de Alejandro detrás de ella.

—Miranda, ¿ya está lista?

Ella se quedó paralizada por unos segundos.

No sabía qué hacer al darse cuenta de que la blusa estaba completamente manchada.

Antes de que pudiera responder, Luisa notó la situación y se acercó rápidamente.

—Tranquila —dijo en voz baja—. Siempre llevo una muda de ropa de repuesto en mi casillero.

Te la puedo prestar.

Miranda la miró sorprendida.

—¿En serio? Gracias, Luisa.

Ambas se dirigieron rápidamente al baño.

Mientras Miranda se cambiaba, Luisa también la ayudó a arreglar nuevamente el cabello y el maquillaje.

—Listo —dijo Luisa sonriendo—.

Ahora sí pareces preparada para impresionar a todos esos inversionistas.

Miranda soltó una pequeña risa nerviosa antes de mirarse al espejo.

La ropa le quedaba perfectamente.

Su cabello caía suavemente sobre sus hombros y sus intensos ojos azules resaltaban aún más con el maquillaje.

Cuando salió del baño, Alejandro levantó la mirada hacia ella.

Por unos segundos quedó completamente en silencio.

Aquellos ojos…

Esos ojos azules vibrantes le resultaban demasiado familiares.

De inmediato, la imagen de la misteriosa mujer del club apareció en su mente.

Alejandro entrecerró ligeramente la mirada mientras observaba a Miranda.

—¿Será ella…? —pensó confundido.

Porque, por primera vez desde aquella noche, comenzaba a sentir que las piezas empezaban a encajar.

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