Mundo ficciónIniciar sesiónDesde otra área de la empresa, una mujer elegante y de mirada arrogante contemplaba la escena con evidente molestia.
Era Emma de la Vega. Llevaba años trabajando junto a Alejandro Villarreal y conocía perfectamente cada uno de sus comportamientos. Por eso, no le pasó desapercibido el interés que él comenzaba a mostrar por Miranda. Llena de celos, Emma se acercó a Luisa, otra de las asistentes, sin dejar de observar a Miranda desde la distancia. —¿Te has dado cuenta? —murmuró con molestia. La nueva llegó hace poco y ya tiene tratos especiales con el señor Villarreal. En cambio, nosotras llevamos años trabajando aquí y jamás nos ha tratado así. Luisa desvió la mirada hacia Miranda y luego volvió a mirar a Emma. —Miranda hace muy bien su trabajo. Tal vez por eso el señor Villarreal confía en ella. Emma soltó una pequeña risa cargada de desprecio. —Por favor… Mujeres como ella saben perfectamente cómo llamar la atención de hombres poderosos. —No creo que sea así —respondió Luisa, algo incómoda. Pero Emma no parecía dispuesta a cambiar de opinión. —Yo sí lo creo. Esa mujer solo quiere acercarse al señor Villarreal. Mientras tanto, Miranda seguía organizando documentos sin imaginar la conversación que mantenían sobre ella. Minutos después, el teléfono de su escritorio sonó. —Señorita Miranda, el señor Villarreal la espera en su oficina —informó la recepcionista. Miranda tomó una carpeta con los contratos y respiró profundamente antes de dirigirse a la oficina principal. Al entrar, encontró a Alejandro revisando unos documentos detrás de su enorme escritorio. —Aquí están los contratos para la reunión dijo ella, intentando mantener la calma. Alejandro levantó ligeramente la mirada. —Siéntese. Necesito que revise algunos puntos conmigo. Miranda obedeció y tomó asiento frente a él. El ambiente dentro de la oficina era silencioso y tenso. Alejandro hablaba de negocios con total profesionalismo, pero de vez en cuando levantaba la mirada hacia ella, provocando que Miranda se sintiera aún más nerviosa. Mientras revisaban los documentos, Alejandro notó algo. —Está distraída desde que llegó esta mañana. Miranda intentó evitar su mirada. —Solo estoy un poco cansada, señor Villarreal. —¿Por la cena de anoche? Aquella pregunta hizo que Miranda levantara la vista rápidamente. —No… bueno, sí. Thiago terminó muy emocionado después de visitar la mansión. Por primera vez en la conversación, Alejandro mostró una leve sonrisa. —A Gala le agradó mucho el niño. —Y Thiago también le tomó cariño a la señora Gala —respondió Miranda con sinceridad. Alejandro cerró lentamente la carpeta que tenía en las manos y se recostó ligeramente sobre la silla. —Hacía tiempo que no veía a Gala tan feliz. Las palabras de Alejandro hicieron que Miranda sintiera cierta culpa. —La señora Gala es una buena mujer. Alejandro asintió en silencio, pero algo en su expresión cambió al observar nuevamente a Miranda. Había momentos en los que ella parecía esconder una profunda tristeza detrás de aquella apariencia tranquila. Antes de que pudiera decir algo más, la puerta de la oficina se abrió sin previo aviso. Emma apareció con una sonrisa elegante, aunque sus ojos reflejaban molestia al ver a Miranda dentro de la oficina. —Disculpa la interrupción, Alejandro —dijo mientras se acercaba lentamente—. Solo quería recordarte la cena benéfica de esta noche. Alejandro recuperó inmediatamente su expresión seria. —Lo recuerdo. Emma dirigió una rápida mirada hacia Miranda. —Veo que estás bastante ocupado con tu nueva asistente. El ambiente se volvió incómodo de inmediato. Miranda bajó la mirada hacia los documentos, intentando mantenerse al margen. Pero Emma no pensaba quedarse tranquila. Porque, desde ese momento, había decidido que Miranda se convertiría en un problema dentro de Villarreal & asociados. Alejandro miró a Emma con seriedad. —Bueno, si no es nada más, por favor retírate. Necesito terminar unos asuntos importantes. Emma forzó una sonrisa elegante, aunque por dentro estaba llena de rabia. —Claro, señor. Antes de salir de la oficina, lanzó una fría mirada hacia Miranda. No soportaba ver cómo Alejandro comenzaba a prestarle más atención a ella, siendo apenas la nueva en la empresa. Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio invadió nuevamente la oficina. Alejandro dirigió la mirada hacia Miranda y habló con tono firme. —No debe contarle a nadie que estuvo en mi mansión ni que cenó con nosotros. Nadie necesita saber sobre eso. Miranda asintió de inmediato. —Sí, señor Villarreal. Luego tomó la carpeta entre sus manos y preguntó con respeto: —¿Puedo retirarme? Alejandro la observó durante unos segundos antes de responder. —Retirarse. Miranda salió de la oficina intentando mantener la calma, pero apenas llegó a su escritorio, Emma se acercó a ella con una expresión llena de molestia. —¿Qué te crees tú? —dijo en voz baja, pero cargada de veneno—. Eres solo la nueva. Miranda levantó lentamente la mirada. —No entiendo de qué habla. Emma cruzó los brazos. —Yo llevo muchos más años trabajando aquí que tú. Conozco perfectamente a mujeres como tú… mujeres que consiguen ascender utilizando métodos seductores. Aquellas palabras hicieron que Miranda se levantara inmediatamente de su asiento. —Yo no estoy seduciendo a nadie —respondió con firmeza—. Así que le agradecería que me respetara. Usted no me conoce. Yo solo hago mi trabajo. Emma estaba a punto de responder, pero en ese momento Luisa intervino rápidamente al notar que varios empleados comenzaban a observar la discusión. —Chicas, tranquilas —dijo intentando calmar el ambiente—. Aquí no pueden discutir. ¿O quieren que el señor Villarreal las deje sin trabajo? Emma soltó un suspiro lleno de rabia. —Esto todavía no termina. Luisa la miró con seriedad. —Emma, por favor, regresa a tu puesto. Emma lanzó una última mirada de desprecio hacia Miranda antes de darse la vuelta y alejarse. Miranda respiró profundamente, intentando controlar los nervios. Luisa se acercó un poco más a ella y habló en voz baja. —No le hagas caso. Emma siempre se comporta así cuando siente celos. —Yo no quiero problemas con nadie —respondió Miranda con sinceridad. Luisa le dedicó una pequeña sonrisa. —Entonces ignórala. Lo mejor es que sigas enfocada en tu trabajo. Miranda asintió lentamente y volvió a sentarse frente a su escritorio, aunque por dentro se sentía incómoda. Apenas llevaba poco tiempo en Villarreal & asociados… y los problemas ya comenzaban a aparecer.






