Mundo ficciónIniciar sesiónAl llegar a casa, Miranda estaba completamente agotada. Thiago se había quedado dormido durante el camino, abrazado a su pequeño juguete favorito.
Candy abrió la puerta apenas escuchó el auto detenerse afuera. —¿Cómo les fue? —preguntó con curiosidad mientras ayudaba a Miranda a entrar. Miranda cargó con cuidado a Thiago hasta el sofá y suspiró cansadamente. —Bien… La señora Gala es muy amable y cariñosa con Thiago. Se encariñó mucho con él. Candy sonrió al escucharla. —Te dije que todo saldría bien. Pero Miranda negó lentamente con la cabeza. —No del todo. Alejandro no dejaba de mirarme… Sentía como si intentara descubrir quién soy realmente. Candy frunció ligeramente el ceño. —Estás pensando demasiado. Miranda se dejó caer en el sofá y llevó una mano a su frente. —No quiero dañar su matrimonio… y mucho menos afectar la salud de la señora Gala. Ella parece ser una buena mujer. Creo que debería dejar de trabajar con él. Candy se sentó a su lado de inmediato. —No, Miranda. Si renuncias ahora, comenzarán a preguntarse el motivo y eso levantaría más sospechas. Lo mejor es que te tranquilices. Alejandro no se ha dado cuenta de nada. Miranda permaneció en silencio durante unos segundos antes de volver a mirarla. —¿Has vuelto a ver a Alejandro en el club? Candy negó con la cabeza. —No. Desde aquella noche no ha regresado. Aquella respuesta hizo que Miranda sintiera un extraño alivio, aunque la inquietud seguía dentro de ella. Candy observó cómo su amiga parecía perdida en sus pensamientos. —Mírate… estás asustada. —Porque siento que todo se está complicando —susurró Miranda—. Cada vez que Alejandro está cerca, recuerdo esa noche. Y lo peor es que él también parece sentir algo extraño cuando me mira. Candy tomó suavemente sus manos. —Escúchame bien. Tú no hiciste nada malo. Lo que pasó aquella noche quedó en el pasado. Alejandro tiene su vida y tú tienes la tuya. Lo importante ahora es mantener la calma. Miranda bajó la mirada. —Ojalá fuera tan fácil. En ese momento, Thiago se movió ligeramente mientras dormía en el sofá. Miranda sonrió con ternura y acomodó una manta sobre él. Candy observó la escena y decidió cambiar de tema para distraerla. —Al menos el pequeño se divirtió. Seguro no dejó de hablar de la mansión durante todo el camino. Miranda soltó una pequeña risa. —Le encantó el jardín… y la señora Gala también. Por primera vez en toda la noche, su expresión se suavizó un poco. Mientras tanto, en la mansión Villarreal, Alejandro permanecía de pie frente a la gran ventana de su estudio con una copa en la mano. La oscuridad de la noche cubría el jardín, pero su mente seguía atrapada en la imagen de Miranda. Había algo en ella que lograba inquietarlo más de lo normal. Su mirada… Su nerviosismo… Y aquella extraña sensación de familiaridad que no conseguía entender. La puerta del estudio se abrió lentamente y Gala entró con una leve sonrisa. —Gracias por esta noche —dijo mientras se acercaba a él—. Necesitaba sentir un poco de alegría otra vez. Alejandro dejó la copa sobre la mesa y la observó en silencio. —Me alegra verte sonreír. Gala suspiró suavemente. —Miranda es una buena mujer. Y Thiago es un niño encantador. Alejandro asintió, aunque su mente seguía distraída. Gala notó la expresión pensativa de su esposo y lo miró con curiosidad. —¿Sucede algo? Alejandro tardó unos segundos en responder. —No son cosas del trabajo.. Las palabras de Alejandro hicieron que Gala no sospechara nada en ese momento. Miranda llevó a Thiago a su habitación y lo acostó cómodamente en la cama. El pequeño apenas abrió los ojos antes de acomodarse entre las sábanas y volver a quedarse profundamente dormido. Candy, por su parte, terminó de arreglarse para ir al club. Antes de salir, se acercó a Miranda. —Intenta descansar un poco. Tienes cara de no haber dormido en días. Miranda sonrió con cansancio. —Lo intentaré. Después de despedirse de su amiga, se recostó junto a Thiago solo por unos minutos. Sin embargo, el agotamiento fue más fuerte y terminó quedándose dormida abrazada a su hijo. A la mañana siguiente, el sonido del despertador no logró despertarla. Candy, que acababa de llegar del trabajo, abrió la puerta de la habitación apresuradamente. —¡Miranda, despierta! Miranda abrió los ojos sobresaltada y miró la hora. —¡Dios mío! Se levantó rápidamente de la cama mientras Candy soltaba una pequeña risa. —Te dije que estabas agotada. —Voy tarde… Alejandro me matará si llego tarde a la oficina —dijo mientras buscaba ropa apresuradamente. Candy cruzó los brazos mientras la observaba correr de un lado a otro. —Tranquila. Si sigues así, terminarás saliendo más desordenada. Miranda apenas tuvo tiempo de arreglarse. Besó a Thiago en la frente antes de salir apresurada del apartamento. Durante el trayecto hacia la empresa, no dejaba de mirar la hora. Su nerviosismo aumentaba con cada minuto que pasaba. Al llegar al edificio de Villarreal Corporation, respiró profundamente antes de entrar. Saludó rápidamente a algunos empleados y caminó apresurada hasta su escritorio. Por suerte, Alejandro todavía no había llegado. Miranda soltó un pequeño suspiro de alivio y se sentó de inmediato a organizar todos los pendientes del día. Revisó la agenda de reuniones, los documentos importantes y las llamadas programadas para Alejandro. Intentaba concentrarse en el trabajo, pero su mente seguía recordando la cena de la noche anterior. En ese momento, escuchó varios murmullos entre las recepcionistas. —El señor Villarreal llegó. Miranda levantó la mirada de inmediato y sintió cómo su corazón comenzaba a acelerarse. Segundos después, Alejandro apareció caminando por el pasillo con su habitual porte elegante y dominante. Vestía un impecable traje oscuro que resaltaba aún más su presencia. Al pasar junto a los empleados, todos lo saludaban con respeto. Cuando sus ojos se encontraron con los de Miranda, él redujo ligeramente el paso. —Llegó temprano —comentó con una leve expresión seria. Miranda sintió un pequeño alivio al darse cuenta de que él no había notado su retraso. —Sí, señor Villarreal. Ya organicé todas sus reuniones y los documentos que necesita para hoy están en su oficina. Alejandro la observó durante unos segundos. —Perfecto. Entre en cinco minutos. Tenemos que revisar unos contratos antes de la reunión. —Sí, señor. Alejandro continuó su camino hacia la oficina, pero antes de entrar volvió a mirarla brevemente, como si quisiera decir algo más Miranda intentó ignorar la extraña sensación que aquella mirada provocaba en ella y continuó organizando los documentos.






