Mundo ficciónIniciar sesiónLlegó el día de la cena en la mansión Villarreal. Miranda estaba nerviosa por todo lo que podía suceder. Candy, al notar su inquietud, intentó calmarla.
—No puedes llegar tan nerviosa. Olvídate por un momento de lo que pasó aquella noche —le dijo con una sonrisa tranquilizadora. Miranda la miró con gratitud. —Gracias por todos estos años de amistad… y por estar aquí con nosotros. Thiago, emocionado por la salida, corría de un lado a otro mientras esperaba. En ese momento, llegó el chófer por ellos. Antes de despedirse, Candy le deseó suerte. Miranda subió al auto junto a su hijo, pero durante todo el trayecto no dejó de pensar en aquella noche que había cambiado su vida. Al llegar a la enorme mansión Villarreal, se inclinó hacia Thiago y le habló con dulzura: —Compórtate bien, mi amor. Estamos en la casa de mi jefe. Respiró profundamente antes de tocar el timbre. Segundos después, una elegante sirvienta abrió la puerta y los invitó a pasar a la sala principal. Allí se encontraba Gala, visiblemente emocionada por conocer al pequeño Thiago. Miranda, intentando mantener la calma, la saludó cordialmente y le presentó a su hijo. Gala observó al niño con ternura, pero en el fondo sintió una profunda tristeza. Ver a Thiago despertó en ella el doloroso recuerdo de no haber podido cumplir su sueño de ser madre. En ese instante, unos pasos firmes llamaron la atención de todos. Alejandro descendía lentamente por las escaleras, impecablemente vestido, con esa presencia masculina y dominante que parecía llenar toda la habitación. Miranda quedó inmóvil observándolo. Ver a aquel hombre tan apuesto y elegante hizo que los recuerdos de aquella noche de pasión, en la habitación del exclusivo club, regresaran de golpe a su mente, acelerando nuevamente los latidos de su corazón. Alejandro descendió el último escalón sin apartar la mirada de Miranda. Por un instante, el tiempo pareció detenerse entre ambos. Ella sintió cómo el aire le faltaba al recordar cada caricia, cada beso y la intensidad de aquella noche que todavía la perseguía en sus pensamientos. Pero todo cambió cuando Thiago corrió emocionado hacia Alejandro. —¡Hola! —dijo el pequeño con una enorme sonrisa. Alejandro reaccionó de inmediato y se inclinó un poco para quedar a la altura del niño. —Hola, campeón —respondió con una leve sonrisa que sorprendió incluso a Gala. Miranda observó aquella escena en silencio. Nunca había visto a Alejandro mostrarse tan cálido con alguien. Thiago, en cambio, parecía haber tomado confianza rápidamente. —Tu casa es muy grande —comentó el niño mirando alrededor con asombro. Gala soltó una pequeña risa. —Y todavía no has visto el jardín. Después de cenar te lo mostraré, ¿te parece? Thiago asintió emocionado. La sirvienta anunció que la cena estaba lista y todos se dirigieron al elegante comedor. La mesa estaba perfectamente decorada con flores blancas, velas finas y vajilla de lujo. Miranda se sintió fuera de lugar en medio de tanta elegancia, pero intentó disimularlo. Durante la cena, Gala se mostró especialmente cariñosa con Thiago. Le servía comida, le hacía preguntas y sonreía con ternura cada vez que el niño hablaba. Aquello enternecía a Miranda, aunque también despertaba cierta incomodidad en Alejandro, quien no dejaba de observarlos en silencio. —Thiago es un niño muy inteligente —comentó Gala con una sonrisa—. Tiene unos ojos muy hermosos. Después de la cena, Gala llevó a Thiago al jardín para mostrarle la gran fuente de piedra y los hermosos rosales que adornaban la mansión. El pequeño corría emocionado de un lado a otro, maravillado con cada rincón del lugar. Mientras los observaban desde la terraza, Alejandro notó algo que hacía mucho tiempo no veía en Gala: una sonrisa sincera. La presencia de Miranda y Thiago había logrado devolverle un poco de alegría. Alejandro dirigió la mirada hacia Miranda y habló con un tono tranquilo, aunque serio. —Gracias por asistir a la cena. A Gala le hace bien distraerse un poco… pero, como le dije antes, prefiero que no haga preguntas sobre mi vida privada. Miranda lo observó durante unos segundos antes de responder con calma. —No se preocupe, señor Villarreal. Y me alegra ver que la señora Gala esté de buen ánimo. Luego miró hacia Thiago y respiró suavemente. —Pero ya debemos irnos. Gala, al escucharla, se acercó de inmediato. —¿Tan rápido? —Discúlpeme, señora Gala, pero mañana tengo varias cosas pendientes en la oficina —respondió Miranda con amabilidad—. Le prometo que otro día volveremos a visitarla. Gala sonrió con cierta tristeza. —Entonces esperaré esa visita. Thiago corrió hacia ellas con una gran sonrisa. —¿Puedo volver otro día? Gala acarició suavemente su cabello. —Claro que sí, pequeño. Me dará mucho gusto verte otra vez. Aquellas palabras hicieron sonreír a Miranda. Hacía mucho tiempo que no veía a alguien tratar a Thiago con tanto cariño. La sirvienta fue por los abrigos mientras Thiago seguía hablando emocionado sobre el jardín y la enorme fuente. Alejandro, por su parte, no dejaba de observar a Miranda. Había algo en ella que le resultaba imposible ignorar. Cuando Miranda tomó la mano de su hijo para despedirse, Gala la abrazó con afecto. —Gracias por venir, Miranda. Esta noche fue muy especial para mí. —Me alegra escuchar eso, señora Gala —respondió con sinceridad. Thiago también abrazó a Gala, provocando que los ojos de la mujer se llenaran de emoción. Al llegar a la entrada principal, el chófer abrió la puerta del auto. Miranda ayudó a Thiago a subir, pero antes de entrar, Alejandro volvió a hablar. —Mañana necesito que llegue temprano a la oficina. Tenemos una reunión importante con unos inversionistas. —Sí, señor Villarreal —respondió ella rápidamente. Alejandro se acercó un poco más y la miró fijamente. —Y deje de ponerse tan nerviosa cada vez que estoy cerca. Miranda sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza. —Buenas noches, señor Villarreal —murmuró antes de subir al vehículo. Alejandro observó cómo el auto se alejaba lentamente de la mansión. Sin darse cuenta, una leve sonrisa apareció en su rostro al recordar la alegría de Gala durante la cena. Dentro del automóvil, Miranda suspiró profundamente mientras Thiago hablaba emocionado sobre la mansión, el jardín y la amabilidad de Gala. Pero ella apenas podía escucharlo. Porque, aunque intentaba mantenerse tranquila, sabía que estar tan cerca de Alejandro comenzaba a despertar sentimientos que creyó haber enterrado para siempre después de aquella noche en el exclusivo club.






