A la mañana siguiente, Miranda se levantó temprano, como de costumbre. Se arregló rápidamente para ir al trabajo y, antes de salir, dejó preparado el desayuno para su pequeño hijo.
Pocos minutos después, Candy llegó al apartamento, como cada mañana, para cuidar de Thiago mientras Miranda trabajaba.
—Buenos días —saludó Candy mientras dejaba su bolso sobre el sofá.
—Buenos días —respondió Miranda mientras acomodaba su cabello frente al espejo.
Candy sacó un fajo de dinero y se lo entregó.
—Toma,