Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, Miranda se levantó temprano, como de costumbre. Se arregló rápidamente para ir al trabajo y, antes de salir, dejó preparado el desayuno para su pequeño hijo.
Pocos minutos después, Candy llegó al apartamento, como cada mañana, para cuidar de Thiago mientras Miranda trabajaba. —Buenos días —saludó Candy mientras dejaba su bolso sobre el sofá. —Buenos días —respondió Miranda mientras acomodaba su cabello frente al espejo. Candy sacó un fajo de dinero y se lo entregó. —Toma, aquí está el dinero para el arriendo y la comida. Miranda la miró con gratitud. —Gracias, Candy. No sé qué haría sin ti. Candy sonrió ligeramente y luego la observó con atención. —¿Y tú cómo amaneciste? Miranda bajó lentamente la mirada antes de responder. —No lo sé… pero no dejo de pensar en mi jefe. Candy soltó una pequeña risa divertida. —Ay, Miranda… te estás enamorando de él. —¡No! —respondió rápidamente—. No quiero sentir nada por Alejandro. Él es mi jefe… y además está casado. No sabes lo difícil que es trabajar viéndolo todos los días. Candy negó con la cabeza mientras seguía sonriendo. —Pues relájate y piensa bien las cosas. Tal vez sí te estás enamorando y todavía no quieres aceptarlo. Miranda suspiró nerviosamente. —No puedo permitirme sentir algo así. Candy caminó hasta la cocina y tomó una taza de café. —Los sentimientos no se controlan tan fácilmente. Miranda guardó silencio durante unos segundos antes de mirar la hora. —Ya me tengo que ir o volveré a llegar tarde. Tomó su bolso y se acercó a Thiago para despedirse. —Pórtate bien, mi amor. —Sí, mami —respondió el pequeño mientras desayunaba. Antes de salir, Candy volvió a hablar. —Y no dejes que esa mujer te moleste. Miranda entendió de inmediato que se refería a Emma. —Intentaré ignorarla. Candy la señaló con firmeza. —No. Ignorar está bien, pero tampoco permitas que te humille. Miranda asintió levemente y salió del apartamento. Mientras caminaba hacia la empresa, las palabras de Candy seguían resonando en su mente. “Te estás enamorando de él.” Y aquella idea la asustaba más de lo que quería admitir. Mientras iba de camino al trabajo, el taxi en el que viajaba Miranda quedó atrapado en un enorme atasco. Los minutos pasaban y ella comenzaba a desesperarse al ver que se le hacía tarde. Miró la hora una vez más y, sin pensarlo demasiado, pagó el taxi y se bajó rápidamente del vehículo. —¡Gracias! —dijo antes de salir corriendo por la avenida. Después de varios minutos caminando apresuradamente, llegó finalmente a Villarreal & asociados. Respirando agitadamente, entró al edificio y se dio cuenta de inmediato de que Alejandro ya estaba allí. Miranda sintió un nudo en el estómago. Se apresuró hasta su escritorio, acomodó rápidamente algunos documentos y trató de recuperar el aliento. En ese momento, el teléfono sonó. —El señor Villarreal quiere verte . Emma, que había observado toda la escena desde su lugar, sonrió con malicia y se acercó lentamente a Miranda. —Ahora sí estás en problemas —dijo con satisfacción—. El jefe no tolera que nadie llegue tarde. Miranda decidió ignorarla. Respiró profundamente, acomodó su ropa y su cabello antes de dirigirse a la oficina de Alejandro. Sin que nadie lo notara, Emma se colocó discretamente detrás de la puerta para escuchar la conversación. Al entrar, Miranda encontró a Alejandro revisando unos documentos con evidente seriedad. Él levantó la mirada inmediatamente. —¿Por qué llegó tarde? —preguntó con tono firme—. Llevo más de quince minutos esperándola. Miranda bajó ligeramente la mirada. —Lo siento, señor Villarreal. Cuando venía hacia la empresa hubo un gran atasco y tuve que terminar el camino a pie. Alejandro la observó durante unos segundos antes de responder. —La próxima vez, salga más temprano. —Sí, señor Villarreal. Alejandro tomó una carpeta de su escritorio. —Ahora necesito los balances del mes pasado. Los quiero cuanto antes. —Enseguida se los traigo. Miranda salió rápidamente de la oficina. Al verla regresar tranquila y sin haber sido despedida, Emma se apartó de inmediato de la puerta y caminó hacia su escritorio llena de rabia. Había estado completamente segura de que Alejandro la despediría. Molesta, golpeó la mesa con el puño. —Maldita Miranda… Luisa, que estaba organizando unos archivos cerca de ella, notó su actitud y suspiró cansadamente. —Emma, deberías preocuparte más por tu trabajo. Emma la miró con irritación. —¿Y tú de qué lado estás? Luisa cerró lentamente la carpeta que tenía en las manos. —Del lado de la tranquilidad. Porque si sigues comportándote así, la única que terminará despedida serás tú. Las palabras de Luisa hicieron que Emma apretara los dientes llena de enojo. Aun así, no estaba dispuesta a dejar las cosas así. Porque cada vez le molestaba más ver cómo Alejandro comenzaba a tratar a Miranda de una manera diferente. La mañana continuó cargada de tensión en Villarreal & asociados. Miranda intentaba concentrarse en los balances que Alejandro le había pedido, mientras Emma no dejaba de observarla desde su escritorio con evidente molestia. Aunque trataba de ignorarla, los comentarios y las miradas incómodas comenzaban a afectarla. Después de organizar cuidadosamente todos los documentos, Miranda entró nuevamente a la oficina de Alejandro. —Aquí están los balances del mes pasado, señor Villarreal. Alejandro tomó la carpeta y comenzó a revisarla rápidamente. —Bien. Al menos alguien en esta empresa sabe trabajar con eficiencia —comentó sin levantar demasiado la mirada. Miranda guardó silencio, sin saber si aquello era un cumplido o simplemente una observación profesional. En ese momento, el teléfono de Alejandro sonó. Él contestó de inmediato y su expresión se volvió más seria. —Entiendo… manténganme informado. Al colgar, dejó el teléfono sobre el escritorio con evidente cansancio. —¿Sucede algo? —preguntó Miranda con respeto. —Es sobre Gala. La quimioterapia la dejó bastante débil hoy. Miranda sintió tristeza al escucharlo. —Espero que la señora Gala se recupere pronto. Alejandro asintió levemente. —Eso espero yo también. Por unos segundos, el ambiente quedó en silencio. Antes de que Miranda pudiera retirarse, la puerta se abrió bruscamente. Emma entró sin siquiera tocar. —jefe , los inversionistas ya llegaron para la reunión. Entonces notó la presencia de Miranda dentro de la oficina y su expresión cambió de inmediato. —Veo que la nueva pasa bastante tiempo aquí dentro —comentó con ironía. Alejandro levantó la mirada con frialdad. —Emma, si vienes a interrumpir, puedes retirarte. Aquellas palabras hicieron que Emma apretara los labios llena de rabia. —Solo venía a informarte sobre la reunión. —Ya puedes irte. Emma salió de la oficina intentando controlar su enojo. Mientras caminaba hacia su escritorio, sentía que Miranda comenzaba a convertirse en una amenaza para ella dentro de la empresa. Por otro lado, Miranda regresó a su lugar intentando no pensar en lo sucedido. Minutos después comenzó la reunión con los inversionistas. Durante la presentación, uno de los empresarios notó un error importante en unos documentos financieros. Emma se puso nerviosa al darse cuenta de que había dejado pasar aquel detalle. Antes de que la situación empeorara, Miranda intervino rápidamente. —Disculpen, hubo una confusión en una de las cifras. Aquí está el informe corregido. Gracias a su rapidez, el problema logró solucionarse sin afectar la reunión. Alejandro observó la situación en silencio. No dijo nada, pero notó la diferencia entre la actitud profesional de Miranda y el comportamiento impulsivo de Emma. Al terminar la reunión, los inversionistas felicitaron a Alejandro por la organización de su equipo. Emma fingió una sonrisa, aunque por dentro estaba furiosa. Porque, sin proponérselo, Miranda comenzaba a destacar cada vez más dentro de Villarreal & asociados.






