Soltó una risa corta.
—¿De qué hablas?
—Le di la orden de que se bajara la falda —dije como si fuera un chisme cualquiera—, y no lo hizo… al contrario, se la subió, y como a Martín le encanta cómo deja su estudio, ahora entra más seguido a “limpiar”… para llamar su atención… y vaya que lo está logrando…
En ese momento, como si el universo hubiera entendido el guion, la puerta de la oficina de Martín se abrió y las dos miramos hacia abajo al mismo tiempo.
La mocosa salió.
La falda estaba aún más arriba que antes, el escote más marcado, el rostro con un leve color en las mejillas, mordió el labio mientras acomodaba el trapeador, se inclinó para dejar algo en el piso y la tela se le subió un poco más.
Rebeca la siguió con la mirada, seria, y yo me fijé en la forma en que apretó la baranda.
—Mira —susurré—, ni quince minutos limpiando… y ya parece que se sabe bien el camino…
No dijo nada.
La empleada se movió hacia otro rincón del primer piso y empezó a limpiar un mueble,