Horas más tarde la casa suena distinta, cubiertos chocando en la cocina, risas sueltas, pasos, puertas, la vida de siempre maquillando el desastre de la mañana…
Bajo las escaleras sin hacer ruido y camino hasta el ala donde está la oficina de Martín, la puerta está entreabierta.
Adentro está esa mocosa.
Agachada, pasando el trapeador, la falda corta pegada a las piernas, la blusa ajustada, el escote apenas disimulado, el pelo recogido en una coleta alta, era bonita, imposible negarlo…
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