Entré a mi habitación con una ligereza rara, casi dulce, cerré la puerta y me dejé caer sobre la cama… ahora faltan dos, dos más y el círculo de Rebeca empieza a desmoronarse, Claudio ya me dijo que sus hombres están listos y esperando, así que debo actuar ya, no puedo seguir perdiendo tiempo.
Estaba ordenando en la cabeza qué hacer con las otras dos cuando otra vez los gritos subieron desde abajo… distintos… de pelea.
Salí al pasillo rápido, pero caminé lento los últimos pasos hasta el balcón del segundo piso, me apoyé en la baranda y miré hacia la sala.
Solo ellos dos.
Los empleados ya se habían ido a dormir, la casa estaba casi a oscuras, solo la luz de la sala encendida… Rebeca y Martín.
Él acababa de llegar, con el saco medio colgado del brazo, la corbata floja, la cara cansada y tensa… ella, completamente descompuesta.
—¡Te estoy diciendo que la vi! —gritaba Rebeca, fuera de sí—, ¡salió de tu estudio acomodándose la falda como una cualquiera!
Él se sirvió un trago c