El silencio se volvió espeso, incómodo, cargado; yo sabía exactamente lo que estaba haciendo, no era seducción, era control emocional, la misma arma que Rebeca había usado contra él durante años, solo que ahora yo lo hacía mejor
Respiré hondo, temblando
—Por favor… —extendí una mano hacia él, casi derrumbándome—, no me dejes sola, no me encierres, déjame quedarme con mis cosas… es lo único que me queda de ti, de nosotros
Martín tragó saliva; dudó, lo vi, lo sentí
Rebeca dio un paso adelante des