Marianne despertó sobresaltada, había tenido otro sueño con el hombre de la máscara. No recordaba bien los detalles, solo el calor, como su cuerpo temblaba, su respiración era agitada, sentía una sensación entre las piernas que la hacía odiarse. Lo odiaba a él por confundirla, por tocarla como si fuera suya. Lo odiaba más por gustarle.
Eran las ocho de la mañana, no había dormido casi nada, tenía los ojos hinchados, se sentía usada, rota, confundida, como si un solo empujón más bastará para que