Sofía alcanzó a ver que Mateo se alejaba entre los puestos de la celebración, completamente fascinado con los juegos y los niños de su edad. Soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—Discúlpenme un momento. Si no voy por él, termina recorriendo todo el pueblo.
Adelaide sonrió al verla marcharse. Apenas quedaron solos, Lorenzo apoyó la espalda contra una de las barricas decorativas y la observó con atención. Hacía varios días que no la veía y, aunque intentaba sonreír, era evidente que algo