Marco permaneció en el mismo lugar, incapaz de apartar la mirada de Adelaide. Las palabras que acababa de escuchar seguían resonando en su cabeza con una fuerza inesperada.
Lorenzo por su parte comprendió que aquel matrimonio necesitaba enfrentar sus propios conflictos sin terceros de por medio. Miró a Adelaide con discreción y luego a Marco.
—Voy a buscar a mi padre. Nos vemos luego, Adelaide.
Ella respondió con un leve movimiento de cabeza.
—Gracias, Lorenzo.
Él se retiró sin decir nada más,