Al día siguiente, Adelaide abrió los ojos en una cabaña apartada de la ciudad. Durante unos segundos permaneció confundida, intentando recordar dónde estaba, hasta que escuchó los sonidos provenientes de la cocina: el murmullo alegre de Mateo y la voz de un hombre conversando con él. Se levantó y salió de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho. Al llegar a la sala se detuvo, sorprendida por la escena que encontró. Sofía preparaba el desayuno frente a la cocina, mientras Lorenzo pe