Sofía por su parte, cargaba sola con todas las responsabilidades de la casa. Los gastos se acumulaban y cada día le resultaba más difícil encontrar la manera de cubrirlos. Llevaba dos meses de renta atrasada y la dueña del pequeño edificio ya le había advertido en varias ocasiones que, si no conseguía ponerse al día, tendría que desocupar el lugar. Sofía asentía, prometía que encontraría una solución y después cerraba la puerta intentando que Adelaide no escuchara nada. No quería añadirle otra