La semana transcurrió con una tensión que comenzaba a reflejarse incluso en la empresa Prieto. Marco llevaba días trabajando más horas de lo habitual, pero, lejos de recuperar la concentración que siempre lo había caracterizado, empezó a cometer errores impropios de él. Firmó un contrato con cifras equivocadas, autorizó un pedido con fechas incorrectas y pasó por alto varios detalles en una negociación importante. Eran fallos pequeños, pero suficientes para generar pérdidas económicas y retrasa