Capítulo 40. Estado ataráxico.
Gavrel.
Mi boca cae sobre la suya. La beso con una brusquedad deliciosa que me corresponde, mientras sigo con esa pelea absurda dentro de mi cabeza entre la necesidad de lucidez y el deseo que lleva horas pudriéndome por dentro.
Ella se queda inmóvil apenas un segundo. Después responde. Sus labios se abren bajo los míos y el sabor que encuentro ahí es puro pecado; dulce, cálido y peligrosamente adictivo.
Lo mantengo cerca. Demasiado cerca. Como si en esa boca hubiera más calma que en cualquier