Capítulo 3. Tres puntos.
Arleth. Un cosquilleo se forma entre mis piernas y los labios me hormiguean. Parpadeo mirando a todos lados para no delatar mi falta de experiencia. «Esto no me estaría pasando si no hubiera nacido un viernes 13». Su mirada me recorre y siento que el aire se pone denso, como una gelatina que no permite nadar. En completo silencio me amarro el cabello para ponerlo a un lado de mi cuello, clavo los ojos al techo contando las líneas que forman la sombra de las gotas de lluvia al deslizarse por la ventana, luego de quedarme con las manos sobre el abdomen. No pienso moverme, ni hablar. Respirar es peligroso a lado de este tipo. Si lo cumple, yo me quedaría con el... ¿Por qué estoy proyectando la idea? ¡Lo acabo de conocer, por los cielos! Se supone que me estoy preparando para dar terapia, pero presiento que seré quien debe recibirla. Estás mal, Arleth. Perdiste la razón, me digo. Según el tema de la última clase, hace dos días, el cual fue dedicado al manejo de pensamientos in
Leer más