Alister estaba en su estudio, con su rostro marcado por la frustración. A pesar de sus heridas, no podía soportar quedarse inactivo. Los libros y documentos esparcidos sobre el escritorio frente a él reflejaban su urgencia por retomar el control. Sus pensamientos se arremolinaban, cada uno más oscuro e inquieto que el anterior.
—Alfa, usted debería estar en la cama, no aquí —dijo Yimar, entrando en el estudio con una mirada preocupada.
Alister levantó la vista, mostrándose determinado, aunque l