Helene sintió como el pesado cuerpo de Itsac se estrelló contra ella y la lanzó al suelo. Los disparos comenzaron a romper las ventanas y los fragmentos de vidrio cayeron sobre sus cuerpos.
Itsac trató de cubrir a Helene todo lo que pudo, poniendo su ancha mano en sus ojos, pero Helene la apartó, necesitaba mirar.
Las balas rompían todo alrededor, la tela de las cortinas caía hecha jirones y volaba por el aire en todas direcciones.
— ¡Toro! — gritó Itsac, pero el ruido de los disparos aho