29| La loca de los cuarzos.
Estaban los tres sentados en la sala de la casa de la hacienda cuando el reloj marcó la media noche. Habían cenado unas ciruelas pasas con pan y mermelada y tuvieron que beber agua en los únicos vasos que sobrevivieron a la balacera.
— ¿Y ahora qué haremos? — les preguntó Helene a los hombres, Itsac se veía más cansado todavía que cuando estaba en la ciudad y eso la preocupó. Luego se preguntó por qué le preocupaba y se cayó.
— Ahora hay que tratar de detener a Bertinelli — comentó Toro y Hele