6. Camas divididas y egos compartidos
El festejo terminó más tarde de lo previsto. Entre las fotos, los brindis interminables y las conversaciones vacías con gente que ni recordaba, lo único que quería era quitarme el vestido y dormir una semana entera. Pero, claro, mis padres tenían otros planes.
Según ellos, nada podía quedar “a medias” en un evento de esta magnitud. Todo debía verse perfecto, incluso la parte que nadie debería ver: la luna de miel.
Así que ahí estábamos, Damián y yo, llegando a un hotel de esos que parecen hecho