Capítulo XXXIX
Maximiliano
El primer sonido que escucho es mi propia respiración. Lenta, pesada.
Abro los ojos apenas, y una punzada aguda me atraviesa la cabeza. Todo me da vueltas.
El techo… las cortinas… el olor a perfume dulce mezclado con vino. Nada encaja.
Me incorporo un poco, frotándome las sienes. Siento la garganta seca, como si hubiera bebido demasiado, aunque no recuerdo haberlo hecho.
Intento hacer memoria. La cena. La copa. Scarleth sonriendo frente a mí. Después… nada. Un vacío.