Puedo confiar... aunque sea un poco
Capítulo XXXI
Clarissa
Cuando la señora sale del cuarto, no me muevo. La bandeja con el desayuno sigue sobre la mesa, intacta. Tengo hambre; todo se ve apetitoso, mi estómago cruje… pero no sé si puedo confiar.
La observo hasta que cierra la puerta. Solo entonces me permito respirar.
El silencio se vuelve espeso. Escucho pasos afuera, acercándose. Toca la puerta, suave. Mi cuerpo se tensa. Cuando levanto la vista, veo a un hombre joven en el umbral.
Su presencia me desconcierta. No tiene la mir