Capítulo XCVIII
Rafael
Llego a casa y al escuchar ruido en la cocina me dirijo hacia allá, veo a mi bonita cocinando, me acerco por la espalda y la rodeo por la cintura, rozando mis labios por su cuello y dejándole un cálido beso.
—Ay… —suelta un suspiro bajito, que me derrite entero—. Me espantaste.
—No fue mi intención —murmuro contra su piel—. Solo quería saludar a la mujer más hermosa que existe.
Ella sonríe mientras sigue moviendo lo que tiene en la sartén.
—¿De qué son las quesadillas?
—D