Capítulo C
Greta
Estoy perdida en mis pensamientos cuando la voz de Gustavo rompe el silencio.
—Greta, no sabes a quién vi…
—¿A quién? —respondo sin interés, como si me importara.
—A tu hijo, a Máximo. Estaba solo, en un bar… se ve mal.
Lo miro con desprecio.
—¿Y eso a mí que me importa? —escupo—. Por mí, que se muera. No me importa.
Me levanto despacio, caminando por la sala como una fiera enjaulada.
—Lo único que me importa —digo con frialdad— es cómo voy a traer a Clarissa conmigo.
Me deteng