Capítulo XXXVI
Maximiliano
—Hola hermano…
No puedo evitar sorprenderme al verlo ahí, después de tantos años. Su voz suena igual de arrogante que siempre. Me obligo a fingir calma, aunque por dentro me cuesta contener el desagrado que me provoca su sola presencia.
Tiene esa sonrisa arrogante, esa forma de mirar como si todo le perteneciera. Nada ha cambiado en él, excepto que ahora su presencia se siente más pesada, más calculada.
—No esperaba verte —digo al fin, intentando mantener la voz firme.