Capítulo CXXVI
Maximiliano
Nos dirigimos a la casa de Rafael.
Mis hijos hablan y ríen en el asiento trasero, llenando la camioneta de vida. A ratos los escucho… pero mi mente está en otro lado.
Me carcome por dentro ver a Camila afectada por mis errores.
Que su amiga se aleje de ella por mi culpa me pesa como una losa.
Sé que fallé. Sé que lastimé a Fernando cuando menos lo merecía.
Y aunque lo acepté, di la cara y dejé el orgullo a un lado para pedirle perdón, nada cambió.
Su mirada fría, distante, y ese silencio que parece un muro… duelen y mucho.
Me arrepiento, de verdad lo hago.
Suelto un pesado suspiro.
Agarro su mano y la llevo a mis labios, rozando sus nudillos con un beso lento.
La miro y lo sé al instante.
Ese temblor en su mirada, el brillo que lucha por no desbordarse… Camila está aguantando las lágrimas como puede.
Le acaricio suavemente el rostro.
Ella gira la mirada hacia mí… y me regala una pequeña sonrisa.
Llegamos a la casa de Rafael.
Todos bajamos de la camioneta; lo