Capítulo CXXVII
Máximo
Llevo un buen rato sentado en el bar del casino.
El mismo lugar donde, hace tiempo, conocí a ese hombre que me prestó dinero para apostar.
Ahora sé que le dicen el Güero Burgos.
No ha aparecido… pero no pienso moverme de aquí hasta verlo.
Bebo mi trago de whisky, dejando que el ardor me baje por la garganta.
Veo las máquinas y me arde la sangre por jugar.
Cada luz, cada sonido, me empuja a sentarme y perderme en el vicio otra vez.
Pero no puedo.
No vine para eso.
Estoy aq