Capítulo CXXVII
Máximo
Llevo un buen rato sentado en el bar del casino.
El mismo lugar donde, hace tiempo, conocí a ese hombre que me prestó dinero para apostar.
Ahora sé que le dicen el Güero Burgos.
No ha aparecido… pero no pienso moverme de aquí hasta verlo.
Bebo mi trago de whisky, dejando que el ardor me baje por la garganta.
Veo las máquinas y me arde la sangre por jugar.
Cada luz, cada sonido, me empuja a sentarme y perderme en el vicio otra vez.
Pero no puedo.
No vine para eso.
Estoy aquí para ver a ese hombre…
Y pedirle que me ayude a dar con la desgraciada de Greta.
El licor me arde en la garganta cuando doy otro trago.
Veo a un par de hombres acercarse y, detrás de ellos, aparece él.
Me Levanto y camino hacia el mafioso, pero uno de sus hombres me detiene antes de que pueda acercarme.
—¿Qué se te perdió? —escupe con frialdad, sin quitar la mano del arma escondida.
—Quiero ver a tu jefe —respondo, firme en mi voz.
Los sicarios sueltan una risa burlona.
—Mira nada más a este