Capítulo XXXIV
Scarleth
Llevo marcándole a Maximiliano desde anoche y no me contesta. Desde que esa maldita de Camila se fue anda de un genio insoportable; si pudiera, ya lo hubiera mandado a la fregada hace tiempo. Aprieto el teléfono con fuerza; los nudillos me blanquean y la pantalla vibra en mi palma como si sintiera mi rabia. No contesta. No responde mensajes. Nada.
Respiro hondo. El enfado se convierte en decisión: me voy a su casa.
Tomo las llaves y salgo de mi departamento. El trayecto