Capítulo CXIII
Rafael
Llegamos a la bodega.
El lugar está envuelto en una oscuridad espesa, casi irreal. El silencio es tan profundo que parece gritar.
Hago una seña a mis hombres y a los que Max envió; se dispersan de inmediato, revisando cada rincón, cada sombra, con las armas listas.
El aire huele a humedad y abandono.
Camino unos pasos más, con el pulso acelerado, cuando uno de ellos se detiene de golpe.
—Jefe… —dice, agachándose.
Se levanta con algo en la mano.
El collar.
Aprieto la mandíb