Capítulo CXIX
Maximiliano
Llegamos al hospital y el olor a desinfectante me golpea de inmediato, frío, impersonal. En la sala de espera distingo a Rafael, sentado acompañado de su familia, con la espalda encorvada y la mirada perdida en el suelo, como si el peso del mundo se le hubiera venido encima.
Cuando nos ve, levanta la cabeza. Sus ojos están rojos, agotados, llenos de algo que no había visto antes en él. Se pone de pie despacio, casi con dificultad, como si le costara sostenerse, y por u