Estaba en el prado de siempre, rodeada de montañas y con un sol exquisito, de pie, mirando. La brisa movía mis cabellos y el vestido blanco que llevaba puesto. A lo lejos vi el columpio bajo el árbol que tenía hojas de un color verde claro hermoso. Caminé hacia el columpio y me senté a esperar. Sabía qué estaba esperando. Cerré mis ojos, porque sentí su aroma y lo aspiré tan profundo como pude. ¡Ivanna! Abrí los ojos y Arthur venía caminando hacia mí. ¡Arthur! le grité y me bajé del columpio. E