Desperté en la mañana, cansada y con un dolor en el brazo. La luz de la habitación me molestaba. Me costaba entornar la vista.
—Ivanna, cariño— Henry apareció frente a mí con lágrimas en los ojos.
—Papá ¿Qué pasó? — traté de levantarme, pero me sentía como si un camión y un tren me hubiesen arrollado juntos.
—Anoche sufriste una crisis de pánico. Fue peor que la anterior— me dijo cerrando los ojos con tristeza y dejando caer sus lágrimas.
— ¿Dónde estoy? — la pregunta era un tanto estúpida, por