CAPITULO 17

Mikaela abrió los ojos y lo primero que recibió fue una punzada que le atravesó las sienes, como si alguien estuviera golpeando un clavo directamente en su cerebro. La luz que se filtraba por las cortinas del dormitorio, aunque tenue, se sentía como un foco deslumbrante directo en sus ojos.

Cerró los párpados con fuerza, soltando un gemido ahogado contra la almohada. Tenía la boca seca, con un sabor metálico y amargo que le recordaba, de forma dolorosa, cada uno de los excesos de la noche ante
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