El trayecto de regreso al apartamento fue un descenso a los infiernos del silencio. El único sonido era la respiración agitada de Daryl y el sollozo contenido de Mikaela mientras esquivaba el tráfico nocturno de la ciudad. Daryl no miraba a Mikaela; mantenía la vista fija en la ventana, con la ceja abierta goteando un poco de sangre sobre su camisa impecable, ahora arruinada.
Al llegar, él bajó del auto sin esperar a que ella apagara el motor y subió al apartamento con una determinación fría qu