Mikaela conducía hacia Rhosedales con las manos apretadas al volante, sintiendo que el corazón se le salía del pecho.
El paisaje de la carretera se desdibujaba a su paso, pero ella solo tenía una imagen fija en la mente: el rostro de Daryl. El mes de separación había sido un purgatorio necesario, un tiempo que le sirvió para entender que no existía éxito profesional, ni ambición, ni destello de deseo que valiera la pena si él no estaba a su lado para compartirlo.
Estaba decidida; no iba a regre