El cielo de Toronto se desplegaba en un azul cristalino, como si el universo mismo hubiera decidido otorgarles una tregua definitiva.
El lugar elegido era un salón exclusivo con paredes de cristal que ofrecían una vista ininterrumpida al CN Tower y al horizonte urbano de la ciudad.
Era una boda pequeña, íntima, pero cargada de una elegancia que gritaba "nuevo comienzo". No era la boda ostentosa que los Blackwood habrían patrocinado; era la boda que Daryl y Mikaela habían soñado desde que eran a