El apartamento olía a sándalo y a cartón nuevo. Céline dejó la caja de muestras sobre la consola de la entrada, se quitó los tacones y estiró los hombros con un suspiro largo, de esos que no buscaban dramatismo, sino descanso.
—Has vuelto antes de que anochezca. Un milagro moderno —dijo Agnès desde la cocina, sin levantar la vista del hervidor.
—Hoy no quise escapar del día. Quise llegar a tiempo para vivirlo —respondió Céline con media sonrisa.
Yvania, salió corriendo desde su habitación con