El sol entraba tímidamente por los ventanales del comedor. Por primera vez en semanas, el silencio de la casa no pesaba. Era solo eso: silencio. Céline preparaba el desayuno con movimientos lentos, todavía en bata, mientras Elian y Yvania dibujaban en la mesa. Era el primer día en mucho tiempo que no se esperaba nada de ella. No correos, no decisiones, no apariciones públicas. Solo ser madre. Solo existir.
—¿Puedo llevar hoy mi dibujo a la escuela? —preguntó Yvania, alzando una hoja con un co