Durante dos días completos, Céline fue una sombra tras las puertas cerradas de su habitación. No comió. No habló. No lloró. Solo permaneció inmóvil, como si su cuerpo entero estuviera en huelga ante la traición, el duelo y el colapso de todo lo que conocía. Desde su regreso de la oficina de Leona Vélez, había estado encerrada entre las sábanas, inmóvil, como si su cuerpo también estuviera tratando de procesar la magnitud del derrumbe.
La mañana de la junta con los accionistas, Clarisse entró a