El amanecer lo encontró despierto. Kilian se había levantado en silencio y se asomó al balcón. La vista era majestuosa: un mar de montañas nevadas bajo un cielo que apenas comenzaba a teñirse de rosa.
Pensó en sus hijos. En Céline. En las risas de anoche. En cómo se sentía dormir con ella otra vez, con su respiración acompasada sobre su pecho. Y por primera vez en semanas, pensó que tal vez… podía quedarse.
Volvió a la cama. Céline aún dormía, de lado, con una pierna fuera de las sábanas. La be