Ya en casa, Céline se quitó los zapatos con un suspiro y se sentó en el borde de la cama. La gala había sido agotadora. Kilian también lo parecía, más callado que de costumbre. Ella no se lo tomó a mal. Era comprensible después de tantas horas fingiendo, sonriendo, hablando con gente que ni siquiera recordaba bien.
—Sé que odias esos eventos —le dijo, acariciándole el brazo—. Pero estuviste perfecto.
Kilian no respondió de inmediato. Solo se dejó caer junto a ella, los hombros tensos, el cu