Kilian la estaba esperando junto a la escalera de mármol, revisando su telécsfono con gesto distraído, cuando la vio bajar.
Y se quedó sin aire.
Céline descendía con la elegancia silenciosa que solo ella tenía, vestida con un ceñido vestido azul marino que resaltaba el tono marfil de su piel. El escote en la espalda dejaba al descubierto la línea suave de sus omóplatos, y el corte lateral del vestido revelaba, con cada paso, el movimiento hipnótico de sus piernas.
Kilian tragó saliva. Sintió su