Kilian se levantó temprano. El cielo aún estaba azul oscuro cuando salió de casa en silencio, sin despertar a nadie. Céline dormía profundamente, y los niños aún estaban enredados entre mantas.
No había visto a Alina en días. Entre las reuniones, la cercanía de Céline y la atención constante que exigían Elian y Yvania, no había espacio para escapar sin levantar sospechas. Le gustaba estar con ellos, sí. A veces, incluso se sentía como antes. Pero también lo asfixiaba.
Y esa mañana necesitaba