La luz de la tarde entraba con suavidad por los ventanales del penthouse. Céline estaba sentada en el sofá, con la laptop sobre las piernas y el cabello recogido en una trenza suelta que ya había rehecho dos veces. Frente a ella, una copa de vino a medio terminar reflejaba los tonos cálidos del atardecer.
En la pantalla, múltiples pestañas abiertas: escapadas para dos, estancias románticas en islas privadas, hoteles en el Mediterráneo, retiros de desconexión total.
Todas tenían algo en comú