La caja era pequeña. De un rojo vino intenso, casi burdeos, con una textura suave al tacto y un lazo delgado que parecía haber sido atado con esmero. Céline la sostuvo unos segundos antes de abrirla, como si presintiera que el gesto tendría más peso que el objeto mismo.
Dentro, sobre un forro negro de terciopelo, descansaba un dije de plata en forma de brújula. Fino, delicado, de líneas limpias. Los puntos cardinales estaban apenas grabados, como si no importara señalar un rumbo exacto, sino ap